Estoy tomando unos días para reconectarme, así que, ayer decidí llenarme de #verdequetequieroverde y recorrer el mercado de plantas más icónico en Ciudad de México: Cuemanco.
Llegué con mi papá y hermana para comprar planthijas y llenarme de naturaleza, pero claro, una parada a Cuemanco incluye unas deliciosas garnachas para agarrar energía, paramos primero a almorzar quesadillas, sopes y tacos que con sabores muy autóctonos de mi México nos dieron energía para el recorrido entre flores, plantas y macetas. Pero desde el momento en que llegamos sentí prisa y ansiedad por comer rápido, recorrer todos los pasillos a paso agitado, regresar pronto y listo, dar por terminada la jornada. Entonces paré, me di cuenta que no era necesario sentir prisa ni correr, no tenía que medir el tiempo porque no había que llegar a determinada hora. Me preocupé. ¿Por qué tenía prisa? ¿Por qué sentía esa ansiedad por terminar?
Porque mis días son así, mi trabajo es así, la ciudad dónde vivo es así; y cuál es el punto de acelerar todo, de terminar ya, de una vez. No lo hay. Afortunadamente, la Illari que soy ahora y que le encanta meditar y el yoga y hacer ejercicios de instrospección, reconoció esa sensasión en su cuerpo – antes no lo hubiera hecho, sino hubiera acelerado todo e incomodado a mi familia – y logré elegir nuevamente, cambiar mi chip y disfrutar cada bocado de esas quesadillas, luego cada paso de ese recorrido, me di permiso de sentir calor y de beber el agua de jamaica que un día antes había preparado para nuestra excursión, disfruté los minutos que fueran necesarios para compartir ese día con mi familia.
Agradezco mucho haberme hecho consciente y creo el Universo fue testigo, porque al día seguiente – hoy -, en mi yoga mañanero, la reflexión al final de mi sesión fue sobre esto mismo, sobre la ansiedad y el tiempo. Así, el Universo me permitió terminar de reflexionar para cerrar mi ciclo con este escrito:
«La vida no es una carrera, porque ¿quién quiere apurarse para llegar al mismo punto a donde todos llegaremos? La muerte. Nadie. El objetivo de despertar a la vida cada día es el vivir en sí mismo; y vivir es recorrer, disfrutar, mejorar, experimentar, sentir y ante todo respirar. Porque todo está ahí, en respirar, siempre tienes la opción de regresar a ti, de hacer un alto, tomar tu tiempo – sin prisas – y una vez más, respirar.»

