Una imagen en instagram de la modelo Jeanne Damas, me transportó a aquellos días en que, de pequeñas, nos quedábamos en casa de alguna de mis tías o de mis abuelos para hacer la pijamada entre primas. A mí, la verdad, me costaba trabajo separarme de mi mamá y aunque fuera mi tía, mi madrina o mis abuelos, sentía mucho abandono cuando mamá nos dejaba en algún lugar. Tal vez, porque era una cosa usual que tardara en ir a recogernos a la escuela, y quedábamos mi hermana y yo en medio del patio con unos pocos niños más igual de olvidados .
En fin, me estoy desviando, en una de esas pijamadas en casa de mi madrina Martha estábamos jugando a la escuelita, cada cuarto era un salón de clases, así que cada una era una maestra y teníamos nuestro salón lleno de peluches que fungían como alumnos – la mayoría muy bien portados – . Pero claro, las maestras no eran maestras si no traían tacones, al menos en mis tiempos; así que le pedíamos a mi madrina prestarnos sus zapatos de tacón.
Quien de niña no haya jugado a ponerse los tacones de su madre, su abuelita o su tía, tal vez pueda salvarse de crecer sin la obsesión de tener muchos y variados zapatos. Sostengo la hipótesis de que ahí nació la mía y se consolidó con el día a día, al elegir un par a utilizar en un clóset revuelto de pares multicolores. Mi mamá, al igual que sus hermanas y mi abuelita, tenían montones de zapatos en el armario, por ende, el mío actualmente está así de lleno (al día de hoy he hecho un inventario de 41 pares, me gustaría llegar a 50 porque es un número más bonito y por que así me da el pretexto de comprar unos cuantos más; solo no me pregunten donde los voy a meter).
Al abrir el clóset, mi madrina comenzó a sacar cajas perfectamente bien ordenadas para que nosotras eligiéramos el par que más nos gustara. Los zapatos vintage en la modelo me hicieron recordar ese par que yo siempre elegía. Eran unas sandalias blancas con un diseño de rejilla entretejida, abiertos de la punta – estilo «peep toe» – dejando ligeramente asomarse los dedos; y «slingback» es decir, destalonados con una cinta alrededor de la parte posterior del pie para que no se salieran al caminar. Como su tacón era continuo en forma de cuña podía caminar bien y a mis once años ya me quedaban los zapatos de ella casi perfectos.
A mis ojos esas zapatillas me daban un aire romántico, femenino, clásico; ahora serían vintage, al parecer todo eso junto es mi estilo. ¿Dónde conseguir unos así? Para continuar mi obsesión.

