¡Maaaamá!

Un domingo a medio día en mi cama, acomodo las almohadas para rodearme sentada al lado de la ventana. En días soleados la luz entra directa a mi libro en manos. Es un rincón de lectura prefabricado, que tiene esa calidez acogedora para permitir ensimismarte en la historia y viajar en las páginas.

El hecho de que aparte sea un rincón silencioso porque vivimos alejados de la ciudad, lo hacen aún más ideal. Siempre es tranquilo y con un soundtrack apacible y natural: pájaros, lluvia, viento. A veces sí se rompe el encanto celestial con alguna vecina de vagas aspiraciones a solista; pero en general es sereno. Hoy acompañándo a los pájaros, el aire sopla leve y hay un sonido más … niños al unísono claman ¡Maaaaamáá!

Ese canto me hace cerrar el libro y poner atención. Es un eco suave, alargando esa primera «a» y descansando el aliento en la segunda sílaba de manera más corta,»máá». No es un grito de urgencia ni de berrinche, es como una canción a través de un bosque encantado; como si los niños estuvieran llamando a mamá con el vaho que sale de su boca. Como un soplo. Como un alarido juguetón y fantasmagórico a la vez.

Me asomo por la ventana y no veo a los niños. El llamado cesa. Sigo leyendo.

¡Maaaaamáá! Vuelvo a escucharlo, me asomo a la otra ventana; tampoco hay niños. Luego reviso las ventanas del cuarto contiguo, no se ven niños jugando y yo sigo escuchando su llamado.

Me quedo a la mitad del cuarto para intentar ubicar bien de qué lado viene el clamor. Le grito a mi papá que está en la planta baja viendo la tele y le pregunto si escucha a los niños llamando a «Mamá». Mi papá tiene que ponerle pausa a su película y acercarse a la escalera para escuchar lo que le pregunto –«¿Cuáles niños? Yo no escucho nada»– . Se vuelve a hacer el silencio.

Bajo y le explico a mi papá que escucho a unos niños llamar a Mamá, e intento replicar las voces: suaves, sutiles, como un susurro entre miedo, ayuda y amor. ¡Maaaaamáá!

Mi papá obviamente me tira de a loca, él regresa a su película y yo me dirijo escaleras arriba para retomar mi libro. Pero solo termino de subir el último escalón y vuelvo a escucharlos. – «!Papá, pon pausa, escucha… los niños!» – Mi papá tan ágil como sus sesenta años y el sillón acojinado y vencido le permiten, pone pausa y se levanta, a paso apresurado llega al extremo inferior de la escalera y hace silencio para intentar escuchar con atención lo que yo le explico. Nos volteamos a ver, él de abajo hacia arriba desde el extremo inferior de la escalera apoyado en la pared; yo de arriba hacia abajo, en el extremo superior de la escalera apoyada en el barandal. Contenemos la respiración para escuchar mejor. Las voces de niños desaparecen en el silencio. Mi papá vuelve a respirar y confirma, –«Yo no escucho nada»-.

Giro los ojos y la cabeza en medio círculo hacia atrás y regreso a mi rincón de lectura. Ya me empiezo a sentir un poco loca de escuchar voces. Me voy sentando y solo toco la cama cuándo brinco hacia arriba porque los vuelvo a escuchar. Son niños, yo lo sé, buscan a su mamá, la necesitan. Cierro los ojos y dejo que mis oídos me indiquen hacia dónde. Giro en medio círculo a la derecha , cruzo mi cuarto y el siguiente, llego al cuarto de mis papás. Los escucho más cerca. Veo la ventana del balcón abierta y la cortina vuela hacia adentro por el aire dejando entrever las ramas del enorme ficus que se agitan como bailando con el viento.

La realidad es que tengo miedo, pero al mismo tiempo siento que necesito ayudarlos. Pienso: «ya voy niños, ya voy». Me acerco a la ventana agarro la cortina pero… el ruido no viene de fuera… viene del closet, del lado del closet dónde estaba la ropa de mi mamá. Pego la oreja a la puerta y los escucho tan cerca. Se que están ahí…. los niños… ¡Maaaaamáá!

Con una mano en la manija, decidida y temblorosa, abro la puerta corrediza del clóset de un solo movimiento. No hay niños. Solo una chamarra de mi papá en el hueco obscuro que ha dejado la ropa de mi mamá. Toco la chamarra y siento como vibra la bolsa derecha. Meto la mano al bolsillo, el teléfono de mi papá vibra y su ringtone suena ¡Maaaaamáá!

4 comentarios en “¡Maaaamá!”

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