¿Lo poemas son como las recetas?

Ando perdiendo el miedo a los poemas y queriendo entenderlos mejor. No sé si eso llegue a ser posible, tal vez hay poemas que están escritos para no ser comprendidos sino solo sentidos. Tras leer «Lector a domicilio» de Fabio Morábito, sin querer queriendo mi incursión en el mundo de los poemarios toma un curso menos intimidante y más interesante.

Creía que todos los poemas, por el sólo hecho de serlo, eran obras de arte y por lo tanto exquisitos todos sin excepción. Entiendo ahora que hay poemas bueno y malos, que la poesía me puede gustar mucho o dejar indiferente.

Eduardo, el lector a domicilio y protagonista de este libro me invita a llegar con él a una interesante reflexión: ¿los poemas son como las recetas?

«Son recetas de vida, digamos, y aunque no nos guste el platillo que describen, nos admira lo bien que lo describen. Todo el gusto de la poesía está en eso.»

O… Los poemas no son como las recetas…

«…porque las recetas sólo tenían sentido tomadas como un todo, al revés de los poemas, que podían leerse de manera fragmentaria, sin la obligación de terminarlos; uno podía deternerse a media lectura, fascinado por cuatro o cinco versos, y releerlos una infinidad de veces, olvidándose del poema… Una receta, en cambio, no puede truncarse a la mitad porque el platillo no sale o sale mal»

Mmmmmh, yo sí me he quedado prendada de un par de versos y los releo hasta olvidarme del resto. En cuánto a esta última idea, creo que una receta puede truncarse y modificarse, transformarse y hasta mejorarse. Pero, ¿un poema?

«Los poemas son un todo, como las recetas de cocina; no se vale decirlos a medias o recitar un par de versos, hay que tomárselos en serio como el poeta que los escribió y que luchó hasta la última línea antes de darlos por terminados.»

¡Rayos! La única conclusión a la que llego es que tal vez leo y cocino muy parecido. Como solo yo quiero.

Y ustedes… ¿qué piensan?


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Iaia y Yayos son mis apodos de cariño con mi familia. De pequeña no podía decir mi nombre, y esas dos formas fueron las que podía pronunciar cada vez que me preguntaban: «¿Cómo te llamas?».

Me dedico al turismo, lo que me permite viajar mucho, tanto por negocios como por placer. Me encanta hacer maleta y planear qué empacar para mezclarme con la cultura del lugar que visitaré. Planeo mis viajes, estudio los destinos y sueño con todo lo que quiero vivir y probar en esos nuevos lugares.

Mi blog es una mezcla de lo que más amo: viajar y escribir. Es un espacio donde comparto las ideas que surgen mientras exploro el mundo, cosas que me inspiran y que espero los inspiren a ustedes a perseguir lo que desean y aman.

Pretendo ayudarles a viajar, motivarlos a hacerlo con su propio estilo y disfrutar de experiencias que marcan la vida y nos ayudan a descubrirnos, reconocernos o revolucionarnos.

Escribir para mí es una forma de desahogo, de volver a encontrarme cuando siento que me he perdido entre los estereotipos sociales. Me gusta leerme y recordar quién soy, descubrir una nueva aventura viajera y lanzarme a ella. En el proceso, me reconecto con mi esencia y, aunque cambio, siempre termino siendo una versión mejorada de mí misma.

Léanme…

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